martes, 2 de agosto de 2011

MUSEO DEL PRADO-RESTAURACIÓN DE "EL CALVARIO"DE ROGIER VAN DER WEYDEN

ARTES | Pintura

El Museo del Prado restaurará 'El Calvario' de Rogier van der Weyden

'El calvario' de Rogier van der Weyden
'El calvario' de Rogier van der Weyden
Patrimonio Nacional y el Museo Nacional del Prado colaborarán en los trabajos de restauración de 'El Calvario' de Rogier van der Weyden, obra maestra de la pintura flamenca del siglo XV, atesorada por Felipe II en El Escorial.
Este cuadro de grandes dimensiones y configurado sobre trece paneles de roble se someterá a un cuidadoso proceso de restauración y limpieza durante dos años y medio en los talleres del Museo del Prado, uno de los mejores del mundo en restauración sobre soportes de madera, según subraya Nicolas Martíne, presidente del Consejo de Administración de Patrimonio Nacional. Tras su restauración, el cuadro será exhibido en las salas del Museo del Prado.
Según ha explicado el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza, 'El Calvario' es un gran ejemplo del arte de Rogier van der Weyden, "el gran maestro de las emociones" y "uno de los pintores más influyentes de la pintura flamenca. "Sacaremos al cuadro de su enclaustramiento secular" para devolverle a su original estado". "Recuperaremos el prestigio de unas de las joyas del patrimonio español", ha precisado Miguel Zugaza junto al cuadro en una de las salas del Monasterio de El Escorial.
Rogier Van der Weyden (Tournai 1399/1400-Bruselas 1464) fue, junto a Jan van Eyck, el pintor más importante de los Países Bajos durante los años centrales del siglo XV y su influencia se hizo sentir de forma decisiva en numerosos artistas del momento e incluso hasta bien entrado el siglo XVI.
'El Calvario' de Rogier van der Weyden es un cuadro de grandes dimensiones (244 cm x 193 cm) que está configurado por trece paneles de roble sobre los que se asienta la preparación y la capa pictórica. Para Enrique Quintana, conservador del Museo del Prado, el mayor problema para restaurar esta obra reside en su propia estructura, debido a que su tamaño y peso son "descomunales". Por ello la intervención en el soporte es "indispensable" y segurirá el planteamiento realizado en el Adán y Eva de Durero, también la mano del restaurador del Prado, José de la Fuente.
No obstante, el Museo Nacional del Prado ya realizó una restauración de 'El Calvario' entre 1945 y 1947, que contribuyó a cambiar la opinión generalizada de la crítica especializada en Rogier Van der Weyden, quienes consideraban que su estado de conservación era tan precario que la obra estaba casi perdida.
Por otra parte, esta nueva intervención a la que se va a someter 'El Calvario', en el marco de colaboración del Museo Nacional del Prado y Patrimonio Nacional, permitirá extraer una serie de conclusiones muy importantes para el conocimiento de esta obra fundamental de la pintura,así como devolverle su verdadero aspecto.
Para ello se aplicarán nuevas tecnologías de laboratorio como macro fotografías, reflectografías infrarrojas, radiografías o análisis estratigráficos. Esta restauración se llevará a cabo gracias al convenio marco firmado por la Fundación Iberdrola.
En cuanto a roturas en el soporte, aunque en una primera impresión sólo se aprecia una grieta que divide el cuadro en dos mitades, tras un estudio más profundo se aprecian multitud de fisuras, muchas de las cuales son coincidentes con las juntas de panel. Estas roturas han sido causadas por el bastidor de pino en retícula, un incorrecto sistema de sujeción con el que se trató de aplanar el soporte y conseguir una superficie uniforme de la pintura.
Estos barrotes no permiten el movimiento natural de la madera, y las enormes tensiones creadas han provocado la separación de los paneles y la aparición de grietas y aberturas, muchas de las cuales estas ya fueron tratadas, al menos una vez, tal y como se aprecia en los repintes y perdidas que son visibles en la capa pictórica.
En declaraciones a los medios, Enrique Quintana ha explicado los distintos pasos que se establecerán en el proceso de restauración, empezando por la retirada del marco, para a continuación retirar las bandas de tela de la parte posterior, restructurar el chasis, separar los paneles y encolarlos adecuadamente y volver a adaptar el marco a esta nueva estructura. A continuación, María Antonio López será la encargada de la limpieza del cuadro y de recuperar la "vida" de la capa pictórica.
En cuanto a la capa pictórica se observan grietas, pérdidas y desgastes, daños que han sido agudizados por las distintas limpiezas llevadas a cabo en sucesivos tratamientos, según explica Carmen García Frías, conservadora de Patrimonio Nacional.
El deterioro más importante de la superficie pictórica parece concentrarse en la mitad inferior de la obra, la más próxima al espectador, la recuperación de la unidad de esta zona es de gran importancia, ya que sugiere la profundidad de la escena.
La de 'El Calvario' es una de las historias más documentadas. A partir de su llegada a España, en un primer momento Felipe II decide su instalación en la capilla del Palacio del Valsaín (cerca de Segovia), antes de su traslado definitivo a su recién creado Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde figura entregado oficialmente en 1574, instalada en el altar mayor de la Sacristía de El Escorial.
Allí permaneció hasta la reorganización decorativa de la sala por parte de Diego Velázquez en 1656, pasando a presidir la Librería del Coro, hasta que a finales del siglo XIX, se redescubrió su importancia y se trasladó a la zona de visita del Monasterio de El Escorial.
www.elmundo.es

1 comentario:

  1. Rogier consigue en esta obra una de sus creaciones más personales, dotando a sus figuras de unas dimensiones descomunales, algo inhabitual en su producción. Ello se debe a que no fue encargado por un comitente, sino que el propio artista donó el Calvario en torno a 1460 a la Cartuja de Scheut, con la que mantenía una estrecha relación desde que fue fundada en 1456 a las afueras de Bruselas, según se ha podido constatar en el documento de venta del cuadro de 1555. Las fuentes documentales no desvelan la identidad de su comprador, pero, sin duda, debió ser un miembro de la Casa española de Austria, porque en muy poco tiempo, es decir, con anterioridad a 1567, se encuentra ya en España dentro de las colecciones reales. En 1555, año de su venta, estaban residiendo todavía en Bruselas Carlos V y sus hermanas, las reinas María de Hungría y Leonor de Francia, y también Felipe II había llegado en septiembre desde Inglaterra para asistir a la ceremonia de abdicación del emperador, ocurrida el 25 de octubre. Es bien sabida la pasión de Felipe II por la pintura, y el hecho de que fuera su pintor de cámara, Antonio Moro, el que ejecutara la obra que iba a sustituir el original de Van der Weyden para la citada Cartuja bruselesca, permite sugerir que fue el rey quien lo adquirió, aunque tampoco se puede descartar que lo fuera su tía María de Hungría, cuya colección de pintura heredó en buena parte Felipe II.

    A su llegada a España, el Calvario se instala en un primer momento en la capilla del Palacio del Bosque de Segovia en Valsaín, antes de que Felipe II decidiera su traslado definitivo en 1567 al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, que se encontraba en esos momentos en pleno proceso de construcción. La Entrega oficial al edificio se produjo en 1574, cuando ya se pudo instalar en el altar de la Sacristía, donde fue sucesivamente ensalzada por algunos cronistas, como Sigüenza (1605), Lorenzo Van der Hamen (1620) o Cassiano dal Pozzo (1626), quienes curiosamente olvidaron el nombre del pintor, cuando aparecía perfectamente especificado en la citada Entrega. El Calvario quedó allí hasta que Velázquez reorganizó a partir de 1656 las pinturas de El Escorial, trasladándose la obra a la Librería del Coro, donde permaneció hasta el siglo XIX, momento en que se llevó a las Salas Capitulares y posteriormente al Museo de Pintura escurialense, para poder ser admirado por el público patrimoniosnacionales.es

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